Recuerdos

Nabatiando es un blog de referencia, lo leo a diario y la verdad es que me encanta. Uno de sus últimos posts hace referencia a la matanza del cerdo y concretamente a los chorizos y longanizas que se hacen (caseros).
(Si quieres leer su post y ver los chorizos pincha aquí)
Estas ristras de longaniza y chorizo me recuerdan a cuando matábamos los cerdos en casa. Eran dos animales y casi siempre a comienzos de enero. Venía mi tío que era el matador. Estábamos dispuestos dos jóvenes por pata y los preparativos eran increíbles.
La verdad es que sacar al tocino de la pocilga con el gancho, subirlo a los tablones (eso usábamos nosotros) entre 6 u 8 personas y clavarle el cuchillo no es “moco de pavo”, aunque lo parezca.
Un aspecto que siempre me ha llamado la atención es la labor de recoger la sangre para fabricar tortetas, morcillas, etc. Un trabajo duro y que en el caso de mi casa lo realizaba mi madre, trabajo que solían realizar las mujeres, con mucha entereza y tesón. Trabajos que en el caso de la matanza del cerdo venían muy diferenciados (algunas faenas) en el caso de ser realizadas por el hombre o mujer.
Al principio recuerdo que realizábamos la matanza en la calle. Una vez matado el cerdo, se quemaba con aliagas. En los últimos años lo hacíamos dentro de la casa en un patio interior, al aire libre y se quemaba al animal usando gas. Todo esto para quitarle bien la suciedad y los pelos.
Algo que no cambió (aunque creo que ya existen otros métodos) es la forma de rasparlo y limpiarlo, siempre usando toscas (una piedra especial) y navajas (o cuchillos). Además, al raspar también se usaba agua hirviendo, que se echaba con una regadera de metal.
Luego después de limpio (por fuera), se colgaba del techo con una soga y una madera que sujetaba al cerdo boca abajo de los tendones por sus patas traseras. El mismo matador lo abría en canal, retirando y cortando por partes todo el animal, diseccionando, midiendo, dividiendo… Un trabajo que no sabía realizar cualquiera y que la experiencia se notaba en quienes lo realizaban. Tripas, vísceras, jamones… todo ello recogido en unas bacías (recipiente de madera con forma rectangular en su base y más ancho por su boca). Porque del cerdo todo se aprovecha.
Por la noche se realizaban las tortetas y morcillas. Preparando un gran fuego en el hogar de casa, fuego que no debía cesar, manteniendo el calor, haciendo hervir bien el agua contenida en un caldero de cobre y manteniendo el hervor para verter el trabajo. Y al cabo de un rato sacarlo con la espumadera.
Otra de las faenas era el repelar y capolar. Se repela con los cuchillos afilados, cortando la carne (magro) y grasas de los lugares de difícil acceso para aprovechar todo. Luego se pasaba todo por la  capoladora que es la máquina de trocear, de cortar la magra y grasa en trocitos o pedazos más pequeños que irán dentro del embutido.
Con la capoladora también se hacíán o se montaban los chorizos, cambiado las cuchillas y metiéndole una especie de embudo. Con el magro, sebo, especias, perejil, anís, etc se mezclaba en otra bacía para luego hacer los chorizos, longanizas, butifarras, etc.
Antes los intestinos habían sido bien lavados y limpiados.
Los chorizos también los colgábamos como en la foto de nabatiando, en unas cañas en la cocina los primeros días y más tarde en el granero.
Nosotros dejábamos todo el mondongo en unos cañizos en uno de los graneros que hay todavía en casa.
Mi madre preparaba los “paquetes” para los que nos echaban una mano, normalmente vecinos, amigos y familiares.
La matacilla era una fiesta y creo que para quienes todavía la realizan sigue siendo eso.
Era no sólo en sí la matanza del cerdo, también una manera de juntares, de compartir.

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Moñaco de nieve

Acaba ya el 2008… año en el que pensar… año para mejorar en muchos aspectos…
Finalizo el año con pocas ganas de escribir en el blog y hacía días que no me ocurría esto… Debe ser por el resfriado que he pillado y por este periodo navideño.
Hoy he recibido una foto bonita y además que anima así que visto que no se me ocurre mucho que teclear os pongo aquí el correo de nuestro amigo Alberto.

“Te adjunto el moñaco de nieve que hicimos a los pies de Jánovas ayer mismo (vaya odisea llegar el viernes a Boltaña) para desearte que el año que llama a la puerta sea, como mínimo, igual que el que se marcha. Y que nos sigas teniendo al tanto de lo que se cuece por el Sobrarbe. Qué menos que reconocer el trabajo que haces ¿no?
Un saludo”
monaco301208